Friedrich Nietzsche sobre Julio César de Shakespeare

Una de las obras de teatro más representadas es, sin lugar a dudas, Julio César de William Shakespeare. En La Gaya Ciencia, Friedrich Nietzsche realiza un encendido elogio de esta obra e indaga acerca de su relación con el propio Shakespeare. El texto es el siguiente:
98. En elogio de Shakespeare.- El mejor elogio con que se puede glorificar a Shakespeare, como hombre, es este: creyó en Bruto, sin el menor asomo de desconfianza sobre aquel género de virtud. Le consagró su mejor tragedia, que lleva un título a todas luces inexacto; consagróla a él y al más terrible resumen de la moral mas elevada. ¡Independencia de alma! de eso se trata allí. No hay para ella sacrificio excesivo; es menester sacrificar en aras de esa independencia hasta al amigo más querido, aunque sea el hombre más insigne, adorno del mundo, genio sin igual; es decir, que cuando se ama la libertad, en cuanto libertad de las almas grandes, y aquel amigo la hace peligrar, su sacrificio se impone. Esto fue lo que Shakespeare debió de sentir. La altura en que coloca a Cesar es la mayor y más delicada honra que podía tributar a Bruto, pues de este modo eleva a inmensa altura el problema interior de aquel y la firmeza de alma necesaria para cortar el nudo. Pero ¿fue verdaderamente la libertad política lo que impulsó al poeta a simpatizar con Bruto y a hacerse cómplice suyo? ¿O no seria la libertad política mas que la expresión simbólica de algo inefable? ¿Se trataría tal vez de algún acontecimiento del alma del poeta, del cual no quería hablar mas que figuradamente? ¿Que vale la melancolía de Hamlet al lado de la de Bruto? Acaso Shakespeare conocía una y otra por experiencia. ¡Tal vez tuvo él también sus horas sombrías y su ángel malo como Bruto! Pero cualesquiera que sean las semejanzas y las relaciones secretas, el hecho es que Shakespeare se inclinó ante el carácter y la virtud de Bruto y se juzgó indigno y distante de ellos. Su tragedia lo testifica: dos veces presenta un poeta y las dos derrama sobre el tan impaciente y soberano desprecio, que aquello parece un grito del alma, un grito de desprecio de sí mismo. El mismo Bruto pierde la paciencia al ver aparecer al poeta vanidoso, patético, importuno, como suelen ser los poetas, seres que parecen hinchados de potencias de grandezas, hasta de grandeza moral, y que, sin embargo, en la filosofía de la acción y de la vida rara vez llegan siquiera a la simple equidad. "Si él conoce el tiempo, yo conozco sus extravagancias, ¡echad al payaso!!" -exclama Bruto.Tradúzcase esto en la mente del poeta que lo concibió.
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NIETZSCHE, Friedrich. La Gaya Ciencia. Buenos Aires: Ediciones del Mediodía, 1967. p. 87 - 88. Traducción de Pedro Gonzales Blanco.










Para la anécdota queda el intermedio, en el cual se escuchó en The Village una ensalada que incluyó a Shakira, Franz Ferdinand, Sugar Ray y The Smashing Pumpkins. (¿A quién se le pudo ocurrir una mezcla semejante en el mismo set? Más aún tomando en cuenta el tipo de música que Luna interpreta.) Al final del concierto, el público pidió que Luna siga tocando (interpretaron dos temas más) y la gente gritó sus pedidos, incluyendo covers de Morrissey, Radiohead, PJ Harvey... y un gracioso que pidió Pink.
